martes, 27 de septiembre de 2016

El caporal

¡CRISTO HA RESUCITADO!

Sombrero, palo en mano, sandalias, tirantes que sujetan los pantalones y una fina camisa. Así asiste a su cita diaria con el Señor un caballero en mi parroquia. Desconozco su nombre, aunque en mi casa, ya es conocido -por su apariencia física- como "el caporal".

Este hombre llega palo en mano a su oración, lo apoya -como en la foto- en una columna y se arrodilla ante su Dueño.

Le "conozco" hace más de dos años. Cada vez que iba a la oración, allí estaba él. La iglesia vacía y, en invierno, bastante oscura también, pero su lucecilla (su vida) bien colmada de aceite y encendida.

Tiene algunas "manías". Entre ellas, hablar en voz alta con el Señor. Imagino que está una pizca sordo porque se sienta cerca del altavoz, e imagino también que, ese es el motivo por el que habla con Dios y lo escuchamos todos.

Al principio... me molestaba mucho. Era incapaz de poder orar tranquila. Pero hubo un día en el que todo cambió. Ese día empezó a orar: "Jesús, Jesús,... soy yo. Aquí estoy, vengo a estar contigo." Y uno a uno fue desgranando sus sufrimientos. "Jesús, ¿quién si no tú será mi fuerza?, ¿a quién le importa lo que estoy sufriendo? Solo a ti, solo a ti, Jesús, solo a ti. Tú me entiendes, tú me sostienes. Aunque no te sienta, aunque no te vea. Tú eres, Jesús, solo tú." Y sinceramente, mi oración... fue su oración.

Hoy comenzó igual, pero fue una oración que no llegué a escuchar, salvo su murmullo. Aún así, me sobrecogió. Sí, siempre me sobrecoge verle orar con tanta intimidad. Es bellísimo contemplar como ese pequeño -es muy bajito- y "bruto" hombre contiene tanta sensibilidad para hablar con Dios. 

En la homilia de hoy en santa Marta, el Papa hablaba sobre la desolación. Para vencer la desolación, la oración era el camino, decía. Y pensándolo bien... parece que este "caporal" sabe bien cómo "funciona" el Dueño del campo.

"Que mi oración llegue a ti, Señor" (Sal 87, 3)  

sábado, 17 de septiembre de 2016

Medjugorje: hablando de cosas "imposibles" con Rafa Lozano (Viajes Gospa & Rafa)

¡CRISTO HA RESUCITADO!

Tengo dos relojes pesados que me despiertan cada mañana: 5:00 (maullidos de mi gato) y 6:20 (mi cuerpo serrano que dice "arriba, nena").

Después de unos días locos de trabajo y estudio, mis despertadores hoy han sido útiles. No he logrado dormir después del "ring", o mejor, del "miau", así que... el Señor me llevó a leer cosas que guardé para cuando tuviera tiempo.

Y aquí estoy, escribiendo lo que jamás pensé que escribiría.

Hoy no voy a pedir perdón porque el post es largo, el que lo tenga que leer hasta el final... lo leerá.

Me daba vergüenza

Nunca he escrito nada sobre Medjugorje. Es más, no sé cómo hacerlo. Es la primera vez que escribo un post poniéndo lo primero el título y la foto, pues creo que así arrancaré mejor.

Creo que era de las pocas personas -de mi barrio- que, compraba cada viernes el periódico Alba. El señor del kiosco lo encargaba para otros dos señores y para mí, me dijo. Entre ese puñadito de páginas venía un mensaje en la parte baja derecha -creo recordar- de una de sus páginas. No era un mensaje normal, sino un mensaje de la Virgen, a la que llamaban "Gospa". 

Un día se lo conté a mi madre. "Bueno, ¿dónde está Medjugorje?", me preguntó. "Y yo que sé, má -respondí, creo que por donde la guerra que nos hacías rezar cuando éramos niños." Mi madre por aquél entonces iba a un grupo de oración, y decidieron rezar unidos espiritualmente por aquella guerra tres veces al día: 10:00, 16:00 y 23:00. Nosotros éramos muy pequeños, pero ahí estábamos en el cole y muertos de sueño en la noche -mi hermano aguantaba, pero a mí me tenían que despertar porque a las 20:30 dejaba de ser persona-. 

Busqué... y encontré. Efectivamente, aquellos mensajes venían de aquellos lugares.

Pero todo quedó en eso. Un día fui a comprar mi semanario y... ya no se publicaba, me dijeron.

Una vez una conocida me habló de Medjugorje, pero huí porque no necesitaba de apariciones ni mensajitos de nadie -la Virgen- para creer en Dios. 

El libro que nunca pedí

En el 2011 fui a encargar un libro. Mi señor "librero" no es torpe, pues libro que encargo -que son muchos-, libro que trae cabalmente. Todo quedó bien anotado en mi encargo.

Llegué a la semana siguiente a recoger mi encargo. Y me dio un libro llamado "Cielo e Infierno: Verdades de Dios." "Perdona, este no es el libro", le dije mientras leía la contraportada. "Y además, uy, este tampoco es mi estilo de gustos literarios jajaja." Devolvió el libro y realizó el encargo bien.

Regresé a los dos días. Me puso entre las manos un libro: "Medjugorje" de Jesús García. Miré a Fulanito y me entendió a la perfección: ese no era mi libro. Me pidió mil perdones, no sabía qué había pasado. Miró la hoja donde anotó mi encargo y, efectivamente, estaba equivocado. "No te preocupes que lo encargo de nuevo, y perdóname, de verdad, no sé qué me pasa." Iba saliendo por la puerta y entré de nuevo. "Fulanito, me llevo el libro". Me miró sin entender -yo tampoco entendía qué hacía comprando ese libro-, pagué y me fui. Abro paréntesis: a la semana siguiente tuve mi encago perfecto. Y jamás hubo una otra confusión. Cierro paréntesis.    

Llegué a casa con el libro entre mis brazos. "Mira, má, he comprado un libro." "¿Otro?", respondió con ojos fuera de órbita -ella dice que es mejor darme de comer que llevarme a una librería. "Sí, má, pero no es el que encargué." Y mi madre flipó. Y cuando creí que me regañaría, añadió: "Pues nada, léelo que parece que en el cielo tienen empeño en que lo hagas."

Y a partir de ahí... a leer sobre Medjugorje.

Un viaje que no pude hacer

El verano de 2012 fue uno de los peores que recuerdo en mi enfermedad y, de paso, en mi alma. Este año ha sido semejante, pero... distinto. 

Después de un mini ingreso en el hospital, entré en una noche oscura; muy oscura; y alguien, hoy muy cercano al "chico que escribió el famoso libro", me escribió: "El día tal -tres días después, vaya- a tal hora sale una peregrinación joven a Medjugorje, tengas o no dinero, vente con nosotros." Me quedé muerta. Se me invitaba a aquél lugar del que yo había huido y no, a la misma vez. Mi cuerpo serrano y, sobre todo, mis muchos -muchísimos- miedos no me dejaron ir. Pero les acompañé de la mejor manera que podía ir: espiritualmente.

A partir de ahí... a empaparme sobre Medjugorje.

Un amigo argentino en Medjugorje 

Vino a casa un amigo argentino. Desde aquí salió a diferentes peregrinaciones. Mi casa se convirtió en una "Betania" para tomar fuerzas para su siguiente peregrinación. 

Antes de marchar a Medjugorje estuvimos horas hablando de muchas intimidades. Hicimos como una especie de pacto, aunque está mal expresado: él iba a Medjugorje, pero yo también iba desde casa. Pero para ir con él había una condición: estar abierta a todo, y todo... era todo. Y se fue a Medjugorje. 

Y el 25 de septiembre él estaba allí intercediendo fuertemente por mí. Y ese mismo día... tuve luz. Regresó el 1 de octubre, y yo... había puesto orden en mi desorden: escribí una carta de despedida a unas monjas, hablé con alguien importante para que me dejaran en paz en una determinada propuesta que me cambiaría la vida, puse punto y final a una dirección espiritual, hice mi matrícula para estudiar de nuevo, comencé una "vida nueva" con mi comunidad,... Es decir, que ordené cosas muy importantes que jamás había tenido fuerza para hacer. 

A partir de ahí... a vivir lo que pasaba en Medjugorje.

Algo nuevo y algo antiguo

Desde entonces fui entrando a gustar lo que pasaba allí. Tengo que decir que, lo que leo que la Virgen pide, es lo que realmente gusto en donde vivo mi fe: en el Camino Neocatecumenal. No se me pide hacer el pino -que no sé hacerlo y me da miedo-, sino cosas normales: ir a Misa, rezar, escrutar la Biblia, el Rosario y ayuno. Crea o no crea que la Virgen se aparece, eso es lo que mi Madre, la Iglesia, me ha enseñado siempre.

Voy poco a poco para no asustarme porque me conozco. He conocido a poca gente que ha ido a Medjugorje, pero la mayoría están como obsesionados, y eso no me gusta, me hace alejarme. Pero cada uno es... eso, cada uno.

Amigos y hermanos que han ido

Planee ir el año pasado en Semana Santa. La "cosa" apuntaba muy bien, pero... en tierra me quedé. Había algo que me decía "ven", pero muchas cosas que me decían "quédate". Y nuevamente mis miedos... me dejaron aquí.

Este verano viajó una amiga para el encuentro de jóvenes. El día que quedé con ella a su regreso fue para grabarlo: estaba más malilla que nada. No tenía fuerzas -ni ganas- para sentarme a tomar algo, ni para pasear, ni para escuchar,... Pero su bendita insistencia hizo que quedáramos para ir a Misa y luego, lo que se pudiera.

Fuimos a Misa -un paso enorme porque me ha sido complicado ir muchos días este verano-, y después, a comprar la cena de mi amiga: pan y agua. Nos sentamos en un parque, frente a una gigante fuente al fresquito. Ella cenaba su bocadillo de... pan y bebía su gran bebida de... agua. Era miércoles, día de ayuno. El cuadro era "gracioso" para mí, y para el señor que estaba a su lado que, la miraba con cara de... "pan" jajaja. Ella gustaba el pan como un manjar, y me encantaba verla. Y mientras, hablaba y hablaba de lo vivido en Medjugorje. Más de tres horas se pasó hablando de su peregrinación; y más de tres horas me pasé gustando de Dios.

En esa conversación salió un plan de viaje juntas a Medjugorje: la próxima Semana Santa. Puse miles de obstáculos: "a ver, Fulanita, necesito un lugar tranquilo donde si me pongo mala poder descansar bien como en mi casa; necesito comida de enfermo, porque me encanta todo, pero a mi enfermedad, no; necesito que no haga calor; necesito que no hay mucha gente; necesito tener dinero; necesito, necesito, necesito..." Y ella me dijo: "Necesitas que Ella se ocupe de todo." Y yo... descansé.

Otros hermanos de comunidad han ido a finales de agosto. Ya han ido dos veces, pero este año fue especial. Gracias a Fulanito hoy tengo una Gospa en la entrada de mi casa junto a una Biblia abierta. ¡Qué delicioso regalo cuando la vi! Pensé: "Claro, dirá la Madre que, si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma; y la Má se ha venido a casa."

Rafa Lozano

Esta amiga iba al grupo de oración de Rafa. No conocí a Rafa, pero he orado por él cada día desde que me enteré de su enfermedad. No sé cómo pide un no enfermo por los enfermos -estando sana no oré con el corazón por los enfermos-, pero sí se cómo pide un enfermo por los enfermos pues, ¡hay tantas cosas que se pasan por dentro que nunca se cuentan! Un enfermo no reza por otro enfermo ni mejor ni peor que "otros", pero sabe pedir cosas... distintas para su compañero de cruz. 

El día que me enteré que había llegado a Casa (cielo) con su Padre... tuve una inmensa paz; algo extraño dentro que no sé explicar. Y ese día, Rafa supo de mi porque fui a la oración y "me presenté": "Rafa, soy Patricia... / Ahora que ya estás en Casa... / Te pido..."

El día 7 de septiembre, a las 15:00 horas, Patricia tenía un nuevo trabajo compatible con mi trabajo de siempre. Un trabajo llegado de la providencia.

Dos días. Dos días tardó en ocuparse de "ese tema" para poder ir a Medjugorje. No conozco lo insistente que era estando aquí, pero vaya, me lo puedo imaginar jajaja.

Este año viene cargado de gastos, y a la vez, cargado de mi poca salud y ánimo para buscar un trabajo "normal" -que un enfermo pueda realizar- y dejar el mío de siempre. Pero lo primero que pensé fue que ese dinero tenía destino celeste. 

Esta mañana, después del toque de diana gatuno, escuché el comentario del evangelio del día que me envían; como seguía sin poder dormirme, decidí leer lo que guardé para cuando tuviera tiempo. Y me he encontrado con con unas palabras de Rafa a su vuelta de Medjugorje en 2006:

"Y sé que ahora mi responsabilidad es ayudar a Dios a llevar adelante su plan; ese plan precioso que es lo más, que es lo único, y que tantas y tantas personas, como tú y como yo, se están perdiendo.

Por eso, os ruego, de corazón, que contéis conmigo para cualquier inicieativa que signifique ayudar a propagar la llama de Medjugorje."

Puedes leer todo en los siguientes enlaces:



Parece que esas palabras de hace diez años tenían algo de "profecía". Me estoy imaginando a este hombrecillo, de la mano de su Madre, buscando hijos perdidos, y a otros hijos colmados de miedo -entre los que me encuentro- para llevarlos a Dios, porque al fin y al cabo, uno no va a Medjugorje para ir a la Virgen, uno va a la Virgen... para ir al Padre.

Me parece a mí que él me ha comprado un billete a Medjugorje en una nueva agencia: Viajes Gospa & Rafa y que de ésta... no me escapo. Tengo un billete que tiene mi nombre, desconozco los planes del viaje, como la salud, alojamiento, comida, metereología, fecha,... pero conozco a los organizadores y... me tengo que fiar.

He querido añadir la foto que acompaña a su testimonio en el libro "Estamos de Vuelta". Así me imagino a Rafa llevando a sus hermanos a la Gospa: sobre él. 

sábado, 10 de septiembre de 2016

¡Sí, se puede! ¡Vamos!

¡CRISTO HA RESUCITADO!

"Pensaba que la vida y las personas eran apasionantes, pero estoy decepcionado", escuchaba con atención el otro día. Y, aunque aporté los "consejitos de turno", en el fondo, aunque sea muy fondo, tiene su razón.

Decepcionado porque estaba solo. Sí, cuando más necesitaba a su familia, amigos, compañeros de cañas y noches fiesteras; no había ni uno. "Me duele", decía secándose una lágrima que intentaba ocultar.

Y entendí.

Entendí de soledades, aún sin estar sola. Entendí de egoísmos de los que cuando les diviertes o escuchas sus problemas te llaman amiga, pero que cuando no te necesitan... ya no te llaman ni "conocida". Entendí de necesitar una mano que tome la tuya fuertemente y te diga: "Vamos, que sí puedes. Aquí estoy." Entendí de "te quieros" que se los llevó el viento. 

Y entendí, claro que entendí. Así como entendí de lágrimas que se ocultan bajo unas gafas de sol y una sonrisa para que nadie vea, o peor aún, para que no se alejen porque las penas no las quieren. 

Pero también entendemos -el "decepcionado" y yo- que tenemos un Padre (con mayúsculas). Un Padre que también entiende. 

Un Padre que todo lo ve, que no se desentiende de sus hijos, que no le damos miedo ni asco, que no se escandaliza de nuestras decepciones ni lágrimas, que no tiene miedo a darnos la mano y acompañarnos "a donde haga falta"; que nos abraza, besa, arrulla y levanta. 

Un Padre que cuando sus hijos no tienen fuerzas ni para levantarse, los toma entre los brazos y les dice: "Vamos, conmigo podrás".

Un Padre que cuando pareces estar solo, te da la certeza de que nunca lo estás.

Acompaño el post con una "musiquilla" que me encanta:

lunes, 15 de agosto de 2016

Salve, Reina

¡CRISTO HA RESUCITADO!

Al cielo no vamos por nuestras fuerzas, méritos o empeños, sino que al cielo nos llevan. Durmamos... y esperemos.

Tenemos una verdadera Casa. ¡Alégrate! 

"Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros."


viernes, 12 de agosto de 2016

Una de "silencios" y Medjugorje

¡CRISTO HA RESUCITADO!

El miércoles:

Me acompañan a la oración, y después de muchos días, logro llegar una hora antes de la Eucaristía de las 20:00.

Entramos y no había nadie. ¡Bien! Un regalazo de Dios porque era lo que buscaba y necesitaba.

La sola se arrodilla ante el Solo, y pronuncia un "Hola, Señor, ya -al fin- estoy aquí"; qué tonta, como si el Solo desconociera mis pasos.

La oración... sin una palabra. Lo único... mirar cómo me miraba. Y me daba vergüenza, pero me miraba. 

Ni una sola palabra Suya, ni una sola palabra mía (con todas las que tenía que decir). Silencios, ambos silencios.

Comienzan mis ganas de llorar, pero hay algo que no me deja desde hace tiempo. Es como querer y no poder. Me angustio, porque algo me oprime en el pecho, en lo más hondo, en lo que no se puede ver.

Regresa la calma. Aún en silencio, el Suyo y el mío.

Llegan cuatro personas que imagino son familia: un bebé dentro de un carrito, un nene de unos cuatro años, una mamá y una abuela -que lleva al bebé-. La mamá da la mano al niño y le lleva a ver a Jesús en el Sepulcro. No sé de qué hablarían, pero él prestaba mucha atención. Los cuatro van a los bancos laterales y les pierdo de vista (tampoco les había prestado mucha más atención).

Al ratito, la abuela va hacia atrás con el bebé, y la mamá sigue rezando. 

A mi altura... el bebé comienza a gemir -ni siquiera era llanto-. Y aquí viene la historia: el niño de cuatro años, mientras corría hacia el carro, decía: "Mamá, venga, date prisa que llora." La mamá no corría por el pasillo, pero caminaba semi volando. Llegó sin mediar palabra, sacó al bebé del carrito, le tomó entre sus brazos, le besó, abrazó, arrulló y... se calló. 

Los tres regresaron a los bancos a seguir rezando.

En ese momento de Su silencio y el mío, "entendí":

"Así soy yo, tu Madre. No es necesario tu llanto para que corra a socorrerte, apenas gimes, soy rápida para tomarte entre mis brazos, colmarte de besos, abrazarte y calmarte. Entre mis brazos y mi silencio." 

Y me calmé.

También "entendí" en las palabras del hermanito que, hay que interceder por los otros, para que Dios les socorra rápido. Hay que estar atentos a la necesidad de nuestros hermanos.

En menos de dos horas tuve otra "historia" que me dejó -deja- en silencio:

_ Voy a Medjugorje (me dijo alguien hacía unos días), ¿quieres algo?
_ Tráeme una piedra del Monte Podbrdo.

Y después de misa, hablando de nuestras cosas, me dice:

_ No te traje la piedra, perdóname.
_ Bueno, no te preocupes, otra vez será.
_ Pero te he traído una cosa.
_ No, no te tenías que haber molestado.
_ No es una molestia, Ella me dijo que te lo trajera.

Y ahí estaba mi regalo. ¡Ay las madres que lo preven todo! En esta ocasión, la Madre decidió que una piedra no sería muy útil, pero sí... 150 piedrecitas juntas: