lunes, 15 de agosto de 2016

Salve, Reina

¡CRISTO HA RESUCITADO!

Al cielo no vamos por nuestras fuerzas, méritos o empeños, sino que al cielo nos llevan. Durmamos... y esperemos.

Tenemos una verdadera Casa. ¡Alégrate! 

"Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros."


viernes, 12 de agosto de 2016

Una de "silencios" y Medjugorje

¡CRISTO HA RESUCITADO!

El miércoles:

Me acompañan a la oración, y después de muchos días, logro llegar una hora antes de la Eucaristía de las 20:00.

Entramos y no había nadie. ¡Bien! Un regalazo de Dios porque era lo que buscaba y necesitaba.

La sola se arrodilla ante el Solo, y pronuncia un "Hola, Señor, ya -al fin- estoy aquí"; qué tonta, como si el Solo desconociera mis pasos.

La oración... sin una palabra. Lo único... mirar cómo me miraba. Y me daba vergüenza, pero me miraba. 

Ni una sola palabra Suya, ni una sola palabra mía (con todas las que tenía que decir). Silencios, ambos silencios.

Comienzan mis ganas de llorar, pero hay algo que no me deja desde hace tiempo. Es como querer y no poder. Me angustio, porque algo me oprime en el pecho, en lo más hondo, en lo que no se puede ver.

Regresa la calma. Aún en silencio, el Suyo y el mío.

Llegan cuatro personas que imagino son familia: un bebé dentro de un carrito, un nene de unos cuatro años, una mamá y una abuela -que lleva al bebé-. La mamá da la mano al niño y le lleva a ver a Jesús en el Sepulcro. No sé de qué hablarían, pero él prestaba mucha atención. Los cuatro van a los bancos laterales y les pierdo de vista (tampoco les había prestado mucha más atención).

Al ratito, la abuela va hacia atrás con el bebé, y la mamá sigue rezando. 

A mi altura... el bebé comienza a gemir -ni siquiera era llanto-. Y aquí viene la historia: el niño de cuatro años, mientras corría hacia el carro, decía: "Mamá, venga, date prisa que llora." La mamá no corría por el pasillo, pero caminaba semi volando. Llegó sin mediar palabra, sacó al bebé del carrito, le tomó entre sus brazos, le besó, abrazó, arrulló y... se calló. 

Los tres regresaron a los bancos a seguir rezando.

En ese momento de Su silencio y el mío, "entendí":

"Así soy yo, tu Madre. No es necesario tu llanto para que corra a socorrerte, apenas gimes, soy rápida para tomarte entre mis brazos, colmarte de besos, abrazarte y calmarte. Entre mis brazos y mi silencio." 

Y me calmé.

También "entendí" en las palabras del hermanito que, hay que interceder por los otros, para que Dios les socorra rápido. Hay que estar atentos a la necesidad de nuestros hermanos.

En menos de dos horas tuve otra "historia" que me dejó -deja- en silencio:

_ Voy a Medjugorje (me dijo alguien hacía unos días), ¿quieres algo?
_ Tráeme una piedra del Monte Podbrdo.

Y después de misa, hablando de nuestras cosas, me dice:

_ No te traje la piedra, perdóname.
_ Bueno, no te preocupes, otra vez será.
_ Pero te he traído una cosa.
_ No, no te tenías que haber molestado.
_ No es una molestia, Ella me dijo que te lo trajera.

Y ahí estaba mi regalo. ¡Ay las madres que lo preven todo! En esta ocasión, la Madre decidió que una piedra no sería muy útil, pero sí... 150 piedrecitas juntas:



viernes, 29 de julio de 2016

Hoy Dios en Auschwitz...

¡CRISTO HA RESUCITADO! 

He ido a conferencias, he "conocido" a una superviviente, he leído libros relacionados con Auschwitz, pues siempre me ha impresionado. Pero hoy no, hoy me ha impactado. Y, lo ha hecho sin esperarlo; sin ruido, prisas y angustias.

A penas sé cómo pasó, pero Dios lo usó para hablar a mi corazón duro, endeble, que se queja por todo, murmurador y asfixiado por esas injusticias que yo creo que "otros me hacen y no merezco". 

Dios me esperaba en Auschwitz. Hoy, no otro día. Desde muy temprano él ya sabía a donde me llevaba. No era una hermosa montaña, ni un gran palacio, sino a un gran horror que él ya no conocía muy bien.

Dios -hoy- me tomó de la mano y me dijo: "Ven, hoy entrarás conmigo en la cruz de tus hermanos." Y fui, vi y me quedé.

Hoy Dios en Auschwitz... 
Hoy yo en Auschwitz... guardé silencio.
Hoy el Papa en Auschwitz... guardó un silencio que hablaba más que cualquier palabra:




miércoles, 27 de julio de 2016

Silencio

¡CRISTO HA RESUCITADO!

"El primer medio que debemos emplear para predicar es el silencio"

(Madre Teresa de Calcuta)


martes, 26 de julio de 2016

Cáncer

¡CRISTO HA RESUCITADO!

Un día tocó un minúsculo bultito en la pierna, le molestaba muy poco, pero ante la insitencia de su má visitó al doc (médico). 

Vecinos y estudiantes en el mismo instituto, es decir, que él y yo somos de la misma quinta. Los "pochos" aumentan porque mi vecino tiene cáncer. Pasó la operación, pasó la radioterapia y está "gustando" la quimioterapia. Reconozco que su sufrimiento me alienta para seguir adelante en los días en los que no puedo más. 

Ayer regresaba de Misa con mi má, y lo hacíamos tranquilas, respirando paz y dando un paseíto -esos que no puedo dar casi ningún día en estas semanas-. Entré en un chino para comprar una cosilla, y al salir, mi má estaba hablando con una señora de mi calle. Me sorprendió verla con un turbante -estaba guapísima, la verdad-. La señora contaba: "Mira, he despertado con la almohada llena de pelos y la cabeza llena de calvas, así que mi hija me acaba de rapar el pelo." La señora tiene cáncer. Su semblante tenía paz y sus palabras colmaban alegría, fortaleza y esperanza; solo tenía un "pero": el dolor que le causa ver a tantos jóvenes con cáncer cuando va al hospital.

Hoy estoy pensando en ellos. Hay que ser muy valiente para afrontar esa cruz tan fuerte.

Hace unos años, cuando empezaba a murmurar contra Dios y mi enfermedad, aprendí a buscar citas con el Médico -con mayúsculas-. Elegía un día y...:

1. Llegaba a la capilla del hospital.
2. Rezaba Laudes y un buen rato de oración silenciosa.
3. Le pedía que me acompañara en mi "visita".
4. Subía a oncología.
5. Me sentaba la última sin hacer nada de ruido.
6. Observaba durante mucho tiempo o el tiempo necesario para que Él hablara.
7. Regresaba a la capilla.
8. Me arrodillaba.
9. Daba gracias por estar como estaba porque lo mío era nada comparado con lo de ellos.
10. Volvía a abrazar mi cruz y a pronunciar mi "Hágase".

Ahora no puedo ir al hospital porque no tengo mucha fuerza, pero el Médico -nuevamente con mayúsculas- pasa mi consulta en casa, y con él, se trae oncología. Y...

... nuevamente habla.

Hoy no puedo dejar de recordar a Elena:

"El cáncer no es una desgracia.
Es el regalo que el Señor me ha hecho;
en la cruz he conocido 
el amor que mi Padre me tiene.
El cáncer es un regalo 
envuelto en un papel feo,
en un periódico viejo;
pero la cruz no me mata,
a mi me mata interiormente 
no amar como yo quisiera.
La cruz no es lo que me quita la paz"

(Elena Romera Santillana)